sábado, 16 de julio de 2011

HENRI MATISSE


















El Fauvismo Biografía de Henri Matisse



El fauvismo fue un movimiento pictórico francés desarrollado entre 1904 y 1908, donde el color es el objetivo principal del cuadro.
A principios del iglo XX, el arte vino a ser una forma de expresión a través de experiencias personales y aspectos visuales del mundo que rodeaba a los artistas, que exploraron diferentes estilos de arte. Los artistas de este periodo encontraron en la abstracción y la experimentación la manera de romper con las formas de arte que habían existido hasta ese momento.
El fauvismo nació de un pequeño grupo de pintores que trabajaba en París llamados fauvistas, que significa "fieras, animales salvajes", exponiendo sus obras por primera vez en el Salón de Otoño de París (1905).
Destacaban sobre todo por los colores intensos, violentos, principalmente el verde. Los partidarios del fauvismo creían que a través de los colores podían expresar sentimientos y este pensamiento condicionó su forma de pintar. Así aplicaban un colorido antinatural. Buscaban la fuerza expresiva aplicando colores distintos a los que pueden verse en la realidad, por ejemplo, árboles amarillo limón, caballos azules o rostros de color verde esmeralda.



La vocación artística de Matisse es tardía. Nacido en 1869 en Le Cateau-Cambrésis, al Nordeste de Francia, en una familia provinciana de clase media, su destino no parecía otro que regentear el negocio paterno de comercio de granos tras haber estudiado derecho un par de años en Paris. El regalo de materno de una caja de pinturas en 1890 para aliviar la convalescencia de una apendicitis torció ese destino, y al año siguiente vuelve a Paris a preparar el ingreso en la Escuela de Bellas Artes, conseguido en 1895 de la mano de Gustave Moreau, cuyo estudio frecuenta desde 1892 y en donde conoce a algunos de sus compañeros en la aventura fauvista.

Etapa de formación

Antes de encontrar su camino, en 1905, su formación está presidida por tres influencias fundamentales: la de Cézzane y su obsesión por restituir al cuadro la solidez estructural que había perdido con el impresionismo; la de Gauguin, cuyas pinturas de la época Pont Aven son referencia insoslayable para entender la gramática superficial del color del Matisse maduro y la de Van Gogh, primer ejemplo de la pintura moderna en el que el color se libera del tono local del motivo.

Estos estímulos parecen encontrar un cauce en el divisionismo de Paul Signac. Antes de la eclosión fauve, Matisse culmina ese período de búsqueda con "Luxe, calme et volupté" en 1904 (abajo), una fábula arcádica construída con rigor a base de los pequeños toques de color puro que prescribía el ideario divisionista; sin embargo, la forzada integración de color y dibujo, que parecen formar dos construcciones coincidentes pero fruto de lógicas separadas, evidencia las limitaciones de esta vía.

La lógica del color

Las pinturas realizadas en el verano de 1905 en Collioure, en compañía de Derain inauguran el período fauve. "Interior en Collioure" o "Ventana abierta" (arriba) todavía presentan restos de la pincelada fragmentada del divisionismo, pero el color es mucho más libre y se ha despojado de toda obligación descriptiva. La arbitrariedad del color fue, en efecto, la bandera de los fauves. Ninguno, sin embargo, como Matisse, ahondó en este concepto con tanto rigor. Mientras Manguin o Vlaminck paneas se limitan a "calentar" el cuadro eligiendo los tonos más vivos y restallantes de su paleta, Matisse persiguió desde el principio construir con el color un orden propio del cuadro, distinto del orden de la naturaleza. En las lecciones de pintura que dio entre 1907 y 1909 recomendaba a sus alumnos que "no se deben establecer relaciones de color entre el modelo y el cuadro; únicamente consideraran la equivalencia que exista entre las relaciones de color de sus cuadros y las relaciones de color del modelo". El cuadro resulta así una síntesis de las sensaciones coloreadas provistas por el motivo, que puede rastrearse ya en obras de 1905 como "La raya verde" (abajo), donde toda la superficie del cuadro es activada por la tensión resultante de la relación entre los distintos acordes de colores complementarios.

Paneles decorativos

Matisse avanza rápidamente por esta vía a partir de "La bonheur de vivre" de 1906; su culminación llega con los papeles titulados "La música y la danza" de 1910 (abajo), en los que la integración de forma y color en un solo sistema se consigue con una sobrecogedora economía de medios, más impresionante aún por la magnitud del formato.
La primera guerra mundial lleva a Matisse de nuevo a Collioure y Niza. Su contacto, en 1914 con Juan Gris puede ser el origen de ciertos escarceos cubistas como "Los marroquíes" o "La lección de piano" (1916), aunque casi toda su producción de esa época sigue fiel a la exploración de la lógica superficial del color. Son los años de la reelaboración visual y temática de sus viajes a Argelia y Marruecos de 1906, 1912 y 1913, traducidos después en las odaliscas de los años veinte o en su creciente interés por los modelos seriados de cerámicas, telas estampadas y papeles pintados. Matisse no representaba estos modelos decorativos, sino que los utilizaba dentro del sistema de composición general del cuadro.
El encargo de 1930 de Alfred J. Barnes para pintar un gran mural decorativo en Merion (Pennsylvania) permitió a Matisse recuperar el hilo de su aspiración decorativa, que ya había rayado en una gran altura con "La danza" de Moscú. No es casual que el tema elegido volviera a ser el mismo; la referencia a los ritmos musicales no podía resultar más adecuada a una pintura entendida en términos de armonías de color en un ámbito superficial. Matisse utilizó aquí por primera vez la técnica de los papeles colorados y recortados, aunque sólo como parte de un proceso de trabajo traducido a un soporte convencional.

Los papeles coloreados con gouache y recortados, protagonizan los últimos diez años de la vida del pintor, a partir de las ilustraciones para el libro "Jazz", editado por Tériade, en las que empezó a trabajar en 1943. Este procedimiento le permitía literalmente "dibujar con las tijeras con objeto de asociar la línea al color, el contorno a la superficie", culminando así esa idea del cuadro como síntesis que gobierna la obra de Matisse desde cuarenta años antes.


Últimos años


Antes de morir, en 1954, la Capilla del Rosario, en Vence, remata con su obra un programa decorativo integral en el que ensayar la unidad última de los elementos de la pintura -color, luz, dibujo, representación- que siempre le había fascinado en los frescos del Giotto en Asís. Tanto los papeles recortados como los trabajos para la capilla los realizó un Matisse ya anciano y enfermo, obligado a trabajar a menudo desde la cama. La intensidad de estas obras últimas no desmerece, sin embargo, de las de juventud, animadas ya por las mismas inquietudes que perfilan una de las trayectorias artísticas más homogéneas y coherentes del siglo XX


Se destacó desde siempre por las tonalidades fuertes que utilizó en sus pinturas y una gran sensibilidad al momento de componer. Las obras de Matisse tomaron un rumbo un poco diferente a partir del año 1905 cuando el pintor comenzó a utilizar una gama cromática que lo diferenciaba de sus trabajos anteriores.
Un ejemplo de ello es su famoso cuadro “Madame Matisse” (Raya verde), una fantástica pintura que se encuentra en exposición en el Museo de arte de Copenhague.
Durante varios años dedicó su vida a dar clases de pintura de donde salieron una gran cantidad de famosos pintores de la época en Francia.
Su gran intención como docente era transmitir lo que los colores significaban en su vida y la importancia dentro de las obras: “…no se deben establecer relaciones de color entre el modelo y el cuadro; únicamente consideraran la equivalencia que exista entre las relaciones de color de sus cuadros y las relaciones de color del modelo".
Hasta los últimos días de su vida el pintor siguió creando pese a sus dificultades motrices, por lo que las últimas obras de Matisse son básicamente “collage” por la incapacidad de manejar el pincel como acostumbraba.
En el año 1952 se fundó el Museo Matisse ubicado en la ciudad de Niza (Nice); dos años más tarde en noviembre de 1954 falleció Henri Matisse dejando un gran legado para el mundo de la pintura moderna.



Principales obras de Matisse

Las obras de Matisse son de las pinturas más cotizadas hoy en día, alcanzando cifras record en los remates que sucedieron en la ciudad de Nueva York en el año 2007.

Las más famosas obras de Matisse son:



Mujer leyendo - 1894

Place des Lices - 1904

La raya verde (Madame Matisse) – 1905

Lujo, calma y voluptuosidad – 1905

La alegría de vivir - 1906

La habitación roja – 1908

LA danza - 1910

La música - 1911

Café Arabe - 1913

La Odalisca - 1926

Naturaleza muerta con mesón verde – 1928

Fuente.  Grandes Pintores del Siglo XX -  Swingalia.com



Biografía para niños:






Henri Matisse, un artista francés reconocido por su fascinante uso del color. Matisse nació en Francia en 1869 y murió en 1954, vivió sus primeros años en un pequeño pueblo de su país, luego trabajó en París y se retiró los últimos años al sur de Francia.
Su padre, quien era dueño de un almacén, quería que él fuera un abogado, Henri, siguiendo el deseo de su padre. comenzó desde muy jóven a trabajar en una oficina de leyes, pero a los 20 años se enfermó de apendicitis y tuvo que estar un largo tiempo en cama.
Su madre le regaló una caja de acuerelas para que se entretuviera mientras estaba en cama y fue aquí cuando Henri encontró su verdadera profesión. Dejó la oficina y se fue a estudiar pintura a París a la escuela de Bellas Artes.
Al principio de su carrera artística, Matisse se dedicó a pintar de una manera clásica y se iba al museo del Louvre a copiar las obras de los grandes maestros.
Luego se dedicó a pintar paisajes con gran influencia de los pintores impresionistas, pero poco a poco su obra se fue simplificando y fue eliminando los detalles de dibujo y dando una gran importancia al uso del color.
En 1905 tuvo una exhibición de arte con dos amigos artistas en los que exhibieron unas obras pintadas con colores muy extraños. A ellos no les importaba que las cosas se vieran reales y ellos querían que
simplemente sus colores cantaran, sin poner atención a las normas y reglas.
La exhibición causó mucho impacto y la gente dijo que ellos pintaban como unas “bestias salvajes” (fauves en francés) a ellos les gustó el nombre y desde entonces comenzaron a llamarse a sí mismos y a su arte
“Fauves”.
Matisse cada vez fue simplificando su arte, haciendo sus pinturas más planas sin diferenciar los tonos de las figuras en primer plano con las del fondo y utilizando gran cantidad de texturas.
Para cuando Matisse tenía 40 años, ya era un pintor famoso, su arte se vendía bien y se dedicó a viajar y observar la luz en los diferentes lugares y cómo esta afectaba los colores.
Cuando cumplió 70 años se enfermó de cáncer y le costaba mucho moverse, pero él recibía cada día como un regalo y lo dedicaba a su arte.
Como no podía mantenerse de pié, Matisse se dedicó a recortar papeles pintados de diferentes colores y texturas. El cortaba formas y las hacía sostener por sus asistentes sobre una gran hoja de papel, luego él
hacía mover las formas hasta que sentía que estaban bien y las pegaban sobre el papel.


Fuente. Fuente.  Grandes Pintores del Siglo XX -  Swingalia.com - Padres hispanos

martes, 7 de junio de 2011

FERNANDO BOTERO

Familia

















La Corrida

DISTINTOS ENFOQUES DE SU BIOGRAFÍA


Fernando Botero




(Medellín, Colombia, 1932) Pintor y escultor colombiano. Fernando Botero se graduó en 1950 en el Liceo de la Universidad de Antioquia, sita en su ciudad natal. Posteriormente viajó a España para estudiar a los grandes maestros de la pintura española (en especial a Goya y Velázquez).


Sus primeras obras de retratos, paisajes y escenas costumbristas están realizadas con una pincelada muy suelta, que se irá empastando progresivamente, al tiempo que tanto la perspectiva como las figuras se hacen arbitrarias.


A principios de los años sesenta Fernando Botero se estableció en Nueva York, donde sus pinturas le granjearon una notable popularidad en el mercado artístico estadounidense. Entre sus obras más conocidas cabe destacar La alcoba nupcial, Mona Lisa a los doce años y El quite. Su traslado a París coincidió con sus primeros trabajos escultóricos, que compartían las características de su obra pictórica.










Los músicos, de Fernando Botero





El estilo de Botero, plenamente figurativo, se caracteriza en lo plástico por cierto aire naïf y en lo temático por la representación de personas y animales siempre como figuras corpulentas, incluso claramente obesas.


En la década de 1980 Fernando Botero se convirtió en uno de los artistas vivos más cotizados del mundo, y algunas esculturas suyas realizadas en bronce, mármol y resina fundida (Mujer a caballo, Perro, La corrida, etc.) pasaron a ser parte integrante del paisaje urbano de muchas ciudades.


Pocos artistas hispanoamericanos han logrado tanta repercusión a nivel internacional como el pintor y escultor colombiano Fernando Botero. Su personalísimo estilo, que tiene entre sus rasgos más fácilmente identificables el agrandamiento o la deformación de los volúmenes, ha merecido la admiración tanto de la crítica como del gran público, que no puede sustraerse a la singular expresividad de una estética en la que las problemáticas humanas y sociales ocupan un lugar prioritario.








Nacido en Medellín en 1932, Fernando Botero fue el segundo de los tres hijos de la pareja formada por David Botero Mejía y Flora Angulo de Botero. Aunque en su juventud estuvo durante un corto lapso de tiempo en la Academia de San Fernando en Madrid y en la de San Marcos en Florencia, su formación artística fue autodidacta. Sus primeras obras conocidas son las ilustraciones que publicó en el suplemento literario del diario El Colombiano, de su ciudad natal.


A los 19 años viajó a Bogotá, donde hizo su primera exposición individual de acuarelas, gouaches, tintas y óleos en la Galería Leo Matiz, y con lo recaudado vivió algún tiempo en Tolú. De su estancia allí saldría el óleo Frente al mar, con el que obtuvo el segundo premio de pintura, consistente en dos mil pesos, en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos. El crítico Walter Engel, en El Tiempo del 17 de agosto de 1952, encontró que tenía "una composición vigorosa, bien construida y bien realizada", pero el escritor Luis Vidales lo criticó por su "inconceptual alargamiento de las figuras".


Viajó entonces Botero a Europa, donde residió por espacio de cuatro años, principalmente en Madrid, Barcelona, París y Florencia. Aunque ingresó en las academias mencionadas, siguió formándose a base de leer, visitar museos y, sobre todo, pintar, como él mismo diría. Luego viajó a México, Nueva York y Washington en un período de febril creación y escasos recursos económicos, acompañado de su esposa Gloria Zea. De nuevo en Colombia, Botero compartió el segundo premio y medalla de plata en el X Salón de Artistas Colombianos, con Jorge Elías Triana y Alejandro Obregón. Su óleo Contrapunto fue alabado por los críticos unánimemente, por su alegría contagiosa.






La camera degli sposi obtuvo el primer premio en el XI Salón Nacional celebrado en septiembre de 1958. En esta obra Botero logró deshacerse de una lejana influencia del muralismo mexicano y dirigirse, sin titubeos y por medio de su admiración a los artistas del Renacimiento italiano, hacia la consolidación de lo que alguien llamó el "boteroformismo".










Picnic (1989)





El pintor había manifestado desde hacía cuatro años su admiración por el sereno monumentalismo de Paolo Ucello y por lo que Marta Traba llamó "un Renacimiento de piedra, por la concepción-bloque de las formas", que también manejó Piero de la Francesca; en el Homenaje a Mantegna, la exacerbación de los volúmenes y la concreción o formas geométricas básicas (que Walter Engel relacionó con las esculturas precolombinas de San Agustín) lograron el nacimiento de una pintura "profundamente original, tan antibarroca como anticlásica, tan antiexpresionista como antiabstracta", en palabras de Traba. De todas maneras, el premio en el XI Salón fue consagratorio.






Entre 1961 y 1973 fijó su residencia en Nueva York. Luego viviría en París, alternando su residencia en la capital francesa con largas estancias en Pietrasanta o su finca en el pueblo cundinamarqués de Tabio. Hacia 1964, Fernando Botero hizo sus primeras incursiones en el campo escultórico con obras como Cabeza de obispo, figura que, hecha en pasta de aserrín y con ojos de vidrio, tenía claras reminiscencias de la imaginería colonial barroca. A partir de 1975, en Pietrasanta, se dedicaría a la escultura con entusiasmo: "Parecía como si todo ese universo de figuras monumentales que fue desarrollando en la pintura -escribe Escallón- hubieran encontrado total eco en la tridimensionalidad. Hoy en día, la una alimenta a la otra. Gran parte de la riqueza imaginativa viene de la pintura, que le da ideas, soluciones, posibilidades... Botero desarticula la estructura pictórica para sintetizar la forma en una unidad escultórica".










Fernando Botero posa junto a una de sus obras





En 1977 expuso sus bronces por primera vez en el Grand Palais de París. Tras cuatro decenios de labor ininterrumpida, su reconocimiento en el campo escultórico se hizo también universal. Apoteósica fue la exposición de sus enormes esculturas en los Campos Elíseos en París durante el verano de 1992, y en el año siguiente en la Quinta Avenida de Nueva York, en Buenos Aires y en Madrid.


Escultura en Buenos Aires



Convertido ya en uno de los artistas vivos más cotizados del mundo, Botero no ha dejado nunca, sin embargo, de alzar la voz contra la injusticia y de mantener su arte en línea con la realidad histórica y social. Sirve para ilustrarlo una de sus más recientes series pictóricas, la que realizó sobre las torturas cometidas por los marines en la cárcel iraquí de Abu Ghraib (2003), en el marco de la ocupación norteamericana de Iraq. Presentada en 2005 en el Palacio Venecia de Roma, la fuerza turbadora de esta colección de cincuenta lienzos atestiguó además que el pulso y la creatividad del artista no ha menguado en absoluto con los años.
 Las torturas de Abu Ghraib




El autor y su obra Tortura de Abu Ghraib (otra de la serie)
Su estilo








A partir de 1964, él creó un estilo original caracterizado por la representación de personajes con un físico disproporcionado voluntariamente. También, se inspiró de cuadros famosos de grandes pintores que caricaturó casi siempre (por ejemplo, Mona Lisa a los doce años, 1969). Botero también realizó esculturas inspirándose de los temas esenciales de su pintura.




El arte europeo y los clásicos del Renacimiento lo inspiraron. La belleza y el amor fueron las exigencias primordiales de Botero. Cuando le preguntaron por qué sus personajes eran gordos les contestó : « GORDOS, mis personajes ? No, ellos tienen volumen, es mágico, es sensual. Y esto es lo que me apasiona : encuentro el volumen que la pintura contemporánea ha olvidado completamente.. ». En 1992, sus esculturas gigantes poblaron los Champs-Elysées en París. Los sentimientos de violencia aparecen casi nunca en sus cuadros.




Colombiana y universal, aparentemente ingenua y profundamente analítica, la obra del colombiano Fernando Botero ha merecido un reconocimiento unánime. Artista de formación autodidacta, en su pintura se pueden rastrear las influencias de su etapa florentina, especialmente en el recurso a modelos de inspiración renacentista (le influye la obra de Ucello y de Piero della Francesca). Mucho más acorde con su carácter y sus raíces, hay también en su obra una fuerte presencia de la pintura colonial y popular de la Colombia del siglo XIX, además de la influencia de la escuela muralista. En el esmero preciosista de su técnica pictórica se encuentra la presencia de los grandes pintores del barroco español y la fuerte personalidad de Goya.






El rasgo más peculiar de su personalidad creadora, que hace fácilmente reconocibles sus cuadros, es su particular concepción y expresión de los volúmenes: hace que las figuras protagonistas de sus lienzos sufran un agrandamiento que resulta desmesurado para el reducido espacio pictórico en que se las hace habitar. La imagen deformada que lleva su pintura al terreno de lo grotesco es el componente de humor crítico que expresan sus lienzos. Conjugando gigantismo y humor, sus monstruos sobrealimentados, de vientres hinchados y actitudes rígidas, son una crítica sarcástica a la sociedad actual. Por otra parte, esta pintura de lo feo se combina con un gran virtuosismo técnico, percibiéndose en el trasfondo de sus obras la pintura de Velázquez y de Goya.






Desde finales de la década de 1950, Botero fue "engordando" sus volúmenes y desalojando fondos y perspectivas ante el arrollador e incontenible ímpetu de aquéllos. Se vale de una pincelada cada vez más refinada y de un dibujo "pictórico" en cuanto moldea la forma en lugar de delimitarla, estableciéndose al mismo tiempo como un sensible y rico colorista. "Posteriormente, su pincelada -en un principio enfatizada y concreta, permitiendo entrever la estructura del cuadro- va haciéndose menos notoria, al tiempo que sus figuras, objetos y frutas van adquiriendo una opulenta sensualidad, no sólo con la amplificación sino con la aplicación cuidadosa y delicada del pigmento. Sus perspectivas son a veces arbitrarias, como lo es la escala de las figuras, que varía de acuerdo a su importancia temática y compositiva", escribió Eduardo Serrano.








La casa de Amanda Ramírez (1988)









La polémica sobre lo feas y grotescas que pudieran parecer las figuras de Botero se ha ido disipando con los años. En cuanto a la cuestión caricaturesca, el pintor dijo: "Deformación sería la palabra exacta. En arte, si alguien tiene ideas y piensa, no tiene otra salida que deformar la naturaleza. Arte es deformación; mis temas son satíricos a veces, pero la deformación no lo es, pues yo hago lo mismo con las naranjas y los plátanos y no tengo nada contra esas frutas".






Marta Traba, refiriéndose a la exposición en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, de 1964, dijo: "El mayor problema que plantea la muestra de Botero es el de la fealdad; es difícil de aceptar porque se refiere a una apariencia; está maltratando únicamente la superficie, el volumen o la dimensión normal de las cosas. No es una fealdad moral, de adentro, de contenidos, que traduciendo la esencia dramática del hombre llega a producir monstruos. Nada de eso: la fealdad de las figuras de Botero es lo que está, ni más hondo ni más lejos de lo que está. Se presenta como una invención enorme y mítica de formas nuevas, tan distintas a las reales que no aceptan con ellas comparación alguna. El Papa negro no es la caricatura de tal o cual personaje vivo. No; es un volumen que a fuerza de crecer, de avasallar, de ocupar compulsivamente el espacio y de eliminar cualquier punto de referencia, llega a asumir perfectamente el papel de todo. Cada forma de Botero pretende ser, así, un mundo total. En el artista convive también el poco ceremonioso cuentero antioqueño, lleno de sentido del humor... En sus cuadros es fascinante leer un sinnúmero de historias en las que, como en los cuentos, la culebra, la mosca o la manzana están ahí porque se necesitaban para completar la composición".






Masacre en Colombia (2000)





Botero es un artista plenamente latinoamericano. "Soy el más colombiano de los artistas colombianos, aun cuando he vivido fuera de Colombia por tanto tiempo". Sus grandes temas siempre han tenido la presencia del país. Cuando no pinta a Colombia de manera física (pueblos, montañas, banderas y bares) o cultural (vírgenes, santos, presidentes, prostitutas, monjas o militares), se la puede intuir incluso dentro de sus versiones de las grandes obras de la pintura universal. "Botero es un auténtico representante del arte latinoamericano -escribe Ana María Escallón- no sólo por sus temas sino por su realismo mágico. Trabaja a partir de un mundo conocido y recordado, pero en él aparecen y suceden muchas cosas maravillosas: la composición sobre un fondo color vino de ocho prelados amontonados unos sobre otros como si fueran frutas de un bodegón, del óleo Obispos muertos (1965); la desmesurada desproporción entre la diminuta primera dama y el gigante militar, con una minúscula taza, del óleo Dictador tomando chocolate (1969); la presencia de una babilla y una serpiente en el piso de la sala, del carboncillo Familia con animales colombianos (1970)."

Obispos muertos


La muerte ha sido otro de los temas recurrentes de su pintura; desde esos Obispos muertos (1965) y El asesinato de Ana Rosa Calderón (1970) hasta la magistral muestra La corrida (1985), que viajó por Europa y Estados Unidos. La corrida muestra, además, cómo Botero asume las temáticas de una manera personal, incrustando sus figuras dentro del universo plástico creado por él. A propósito de esta obra, se ha escrito: "La corrida recoge toda la experiencia global del Botero pintor; es un universo particular en el que sin mayor esfuerzo podrían reconocerse resonancias de todos los universos particulares que ya ha creado Botero: el universo particular del poder con sus familias presidenciales y sus generales, el universo particular de la gracia y el pecado con sus episodios de santos, obispos, demonios y casas de citas; el universo particular colombiano con sus bodegones y paisajes y festejos nacionales; el universo particular del arte, del cual se nutre constantemente y al cual se refiere una y otra vez en toda su obra". Botero es, sin duda, el pintor colombiano de mayor resonancia universal.


La corrida



La calle





Fuentes:

Fuentes: Ricci Art, Wikipedia, Vidas y Biografías.

Melan